Numerosos grupos de tepehuanos llegaron en su huida a la Villa de Mezquital después de haber cometido algunos desmanes en Agua Zarca y Troncón, pueblos inmediatos a dicha villa. Los insurrectos asesinaron ahí a varios españoles e indios cristianos, quemaron algunas casas, la iglesia y el convento. Varios españoles vecinos de Durango y sacerdotes encabezados por el ministro doctrinero de San Francisco, de dicha ciudad, resolvieron ir en auxilio de aquella villa y encontraron a sus moradores presas de pánico. Una leyenda religiosa asegura que en la iglesia sólo las imágenes de Jesús y de María escaparon de las llamas y la última tenía un hachazo en el rostro, no habiéndose podido componer. En cuanto a la otra imagen, tenía un flechazo en una pierna, de cuya herida aseguraban los supersticiosos que había salido una gota de sangre. Los religiosos acordaron llevar aquellas estatuas a la ciudad de Durango; pero no pudieron levantar la del cristo ni entre ocho hombres. Probaron inútilmente algunos sacerdotes, al fin suplicaron al doctrinero de San Francisco que, ya que la estatua religiosa pertenecía a su orden religiosa, por favor probara a levantarla, éste al intentarlo lo hizo sin gran esfuerzo. Estas estatuas fueron alojadas en el convento de San Francisco de la ciudad de Durango, siendo la del cristo trasladada poco después al templo de San Juanita de los Lagos, en donde hasta hoy se le venera, como "El Señor del Mezquital".
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